Regreso al teatro de Alterio al servicio de los precipicios de Pinter
La institución sueca que otorgó el Premio Nobel de Literatura a Harold Pinter destacaba su capacidad para “descubrir en sus obras el precipicio que se esconde tras nuestras conversaciones cotidianas y las fuerzas que nos oprimen tras las puertas cerradas de nuestras habitaciones”. En su discurso de aceptación, el propio Pinter afirmaba que no existen grandes distinciones entre lo que es real y lo que no lo es, entre lo que es verdad y lo que es falso: una cosa puede ser, al mismo tiempo, ambas.
Viejos tiempos es una clara muestra de estas afirmaciones. Escrita en 1971, la obra nos sitúa en una casa con vistas a un paisaje que combina aislamiento, mar y oscuridad. Allí tiene lugar el reencuentro entre Kate y Anne, dos mujeres hoy maduras que veinte años atrás compartían piso en Londres mientras trabajaban, visitaban exposiciones y salían de fiesta. Ahora, Kate vive retirada en el campo con su marido, mientras Anne la visita desde Sicilia.
El montaje está protagonizado por el siempre magnético Ernesto Alterio, una de las figuras más sólidas y reconocidas de la escena y el audiovisual contemporáneos. Ha desarrollado una trayectoria destacada en cine (Los lobos de Washington, Perfectos desconocidos), televisión (Narcos: México) y también en teatro, donde ha protagonizado montajes como Edipo Rey o Shock (El Cóndor y el Puma). Una carrera marcada por la intensidad interpretativa, la precisión y una presencia escénica de enorme fuerza.
Pablo Remón, dramaturgo y director, responsable de la adaptación, dice:
Viejos tiempos supone, dentro de la trayectoria torrencial de Harold Pinter, algo así como un cambio de tuerca, un nuevo comienzo o una reinvención tras sus obras de los años sesenta. A comienzos de la nueva década, Pinter se inventa con esta pieza —partiendo de sus experimentos previos en obras más breves, Landscape y Silence— una nueva forma de escribir, por la que transitará durante algunos años más: una escritura misteriosa y poética, alejada del realismo, donde lo verdadero y lo falso, la memoria y la invención, y el recuerdo y el sueño se confunden.
Viejos tiempos me ha acompañado desde la primera vez que la leí, hace muchos años, y me siento muy honrado de sumergirme en este mundo cargado de melancolía y secretos. Pinter es la razón por la que escribo teatro; traducirlo es mi modesta forma de darle las gracias.”
Texto: Harold Pinter
Dirección: Beatriz Argüello
Reparto: Ernesto Alterio, Marta Belenguer, Mélida Molina
Traducción y versión: Pablo Remón
Escenografía: Carolina González
Iluminación: Paloma Parra
Vestuario: Rosa García Andújar
Espacio sonoro y música: Mariano Marín
Movimiento escénico: Óscar Martínez Gil
Producción: Entrecajas Producciones y Teatro de La Abadía