Volver a visitar un texto que interpreté hace doce años es también un ejercicio de memoria. En esta nueva versión de Quan venia l’esquadra, la «mesa de trabajo» de Xesca Ensenyat condensa todo su mundo recordado y, al mismo tiempo, supone un punto de encuentro entre pasados: el suyo y el mío.
Catalina Solivellas
Texto de Biel Mesquida
Xesca era una mujer valiente que escribía como respiraba, como sentía, como luchaba y como vivía. No tenía pelos en la lengua ni en el cerebro, decía siempre de corrido cuatro palabras de su verdad y sabía hacer del lenguaje de cada día una fiesta humana del espíritu.
Quan venia l’esquadra es escritura modesta y obstinada que avanza por sí sola, tan fresca como el pescado que salta dentro de las redes; que en apariencia no tiene nada que decir del otro mundo salvo denunciar las imposturas de lo serio, las charadas de la erudición y las afirmaciones de las ideas dominantes de un pueblecito mallorquín a orillas del mar; las descripciones de sí misma y del mundo le salen a Xesca de las manos como bordados de una sabiduría sabrosa y antigua en la que las palabras llenas de música nos muestran las aventuras de una muchacha que conoce el arte de deshacer, y de deshacerse, para mostrar un panorama de cotidianidades hecho de detalles invisibles y esenciales.
Teje, con frases sencillas, llanas y empapadas de inacabables placeres de la lengua, volutas de cuentecillos que rompen en pedazos el tiempo sensible y, bajo la omnipotencia de una atmósfera de seducciones, construyen una sinfonía de fragmentos con decantados y singulares espectáculos de pueblo; la voz que se adentra en el pozo de la risa y del sentimiento; y sin decir nada a nadie nos mete en un mundo que está todo él en mutación; florece, germina, brota, retoña, se convierte en semillero de nuevos tallos, estallidos de dentro hacia los espacios celestes; la voz tiembla de tanta luz y recoge los sonidos de la leche de la ternura humana.
La actriz Catalina Solivellas ha sabido obrar el milagro de la encarnación de este Quan venia l’esquadra de Xesca Ensenyat en voz, en carne, en gesto, en movimiento, en espíritu, en vida que no deja de hacer latir con mil y un matices la tinta del mar de palabras ensenyatianas y las lanza en todas direcciones para que se conviertan en un arte de vivir.
Telloc, agosto, MMXXVI
Biel Mesquida
Autoría: Xesca Ensenyat
Adaptación libre: Joan Yago
Interpretación, dirección y producción: Catalina Solivellas
Ayudantía de producción: Lluki Portas
Asesoría de dirección: Pere Peyró